El Mundial todavía no terminó. Pero ya tiene dueño fuera de la cancha: Donald Trump. FIFA quería plata. Trump quería show. Y ambos lo consiguieron.
Con sede en Estados Unidos, México y Canadá, esta edición 2026 es la primera de 48 selecciones. 104 partidos. Estadios de NFL. Recaudación récord antes de la final.
¿Casualidad? No. Hubo lobby, presión y mucho «America First». Desde 2018 Trump bancó la candidatura tripartita contra Marruecos. «Los que voten contra nosotros, que se atengan a las consecuencias», dijo en su momento. Ganó Estados Unidos. Y 8 años después cobró.
Más equipos, más negocio
48 países. Es el Mundial más grande de la historia.
La excusa: «globalizar el fútbol». La realidad: más partidos = más derechos de TV + más sponsors + más recaudación.
FIFA proyecta superar los 11.000 millones de dólares. El anterior en Qatar hizo 7.500 millones. El salto es Trump puro: marketing, estadios llenos, prime time en USA y presencia del gobierno en cada final.
Hasta hubo reuniones en Casa Blanca para «agilizar visas» y «seguridad para las delegaciones». Traducción: alfombra roja para que el Mundial sea un éxito diplomático y económico.
Donald Trump y Gianni Infantino
La geopolítica en la cancha
Estados Unidos como vidriera: El país que miraba al fútbol de reojo ahora lo usa para mostrar poder blando. Trump en palcos, con presidentes de FIFA y de federaciones.
Expansión a 48: Le abrió la puerta a selecciones chicas de Asia, África y Concacaf. Más votos para FIFA, más mercado para USA.
El negocio: Patrocinadores americanos en todos lados. Apple TV, Adidas, Visa. Todo con sello USA.
¿Sirvió?
En lo deportivo: todavía se discute si 48 equipos bajan el nivel.
En lo económico: récord absoluto.
En lo político: Trump logró meter al fútbol en su agenda de poder.
Conclusión:
Esta Copa del Mundo no la ganará un país, un equipo o un técnico, la ganará un acuerdo geopolítico.
La mano de Trump se vio en la cantidad de equipos, en los estadios, en la plata y en cómo Estados Unidos entendió que el fútbol también es poder.
Cuando se apague la última luz del estadio, la FIFA va a contar billetes. Y Trump va a contar otro triunfo.
