TODO SOBRE LA INDUSTRIA DEL DEPORTE

jueves 10 septiembre 2026

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jueves 10 septiembre 2026
Messi medalla de plata en el mundial 2026

El país sin Messi

La reacción que provocó el retiro de Messi de la Selección Argentina tiene una dimensión que excede al fútbol y se parece, por momentos, a la de un duelo colectivo. Por eso su despedida produce una sensación de orfandad: desaparece de la escena aquella figura extraordinaria a la que una sociedad acostumbrada a la incertidumbre podía recurrir para encontrar, al menos durante noventa minutos, una certeza.

La AFA llegó a disponer que todos los partidos del fútbol argentino se detengan en el minuto 10 para dedicarle un minuto de aplausos, un gesto que convierte al homenaje en un verdadero ritual colectivo.

Messi sigue vivo, vigente, no desapareció, no dejó el fútbol, va a seguir jugando en Miami, con sol, con su familia en la tribuna, con otro ritmo. Y sin embargo la Argentina está de duelo.

A Messi le cargamos sobre la espalda no solo ganar un partido y campeonatos con la camiseta argentina, le pedimos -sin decirlo- algo mucho más trascendente; que sea el alquimista que nos permita curar una identidad rota.

Messi

Y hay un dato comunicacional que lo explica todo y que no podemos dejar pasar: Messi no habló, no lo hizo cuando murió su papá, ni ahora que deja la Selección, no hizo una conferencia, un vivo, una declaración a cámara.

Leo eligió lo más antiguo y lo más íntimo que existe: una carta. Fueron dos cartas abiertas a los argentinos, publicadas, enviada a todo el mundo al mismo tiempo, escritas a mano alzada, sin intermediarios, sin marketing, sin periodistas, sin AFA. En la era del ruido, del clip, del algoritmo, de la IA, Messi se despidió como se despedía la gente antes: con una carta.

Ahí hay una lección enorme sobre cómo se comunican las cosas trascendentes: no todo merece un post. Hay dolores y decisiones que solo entran en el formato de una carta.


Su decisión de dejar la Selección es, además, profundamente argentina en su incomprensión. Él no se va peleado. No se va por plata. Se va porque se cansó, se va porque ya no se siente competitivo para jugar en la selección con el nivel que solo él pudo hacerlo, se va porque su cuerpo y su cabeza le piden otra cosa, porque se le murió el padre y entendió que hay un tiempo para otra cosa. Y nosotros no sabemos qué hacer con alguien que elige irse en paz. Estamos tan entrenados en la traición, en el portazo, en la grieta, que una despedida serena nos desarma. Nos deja sin culpable.

 

Messi en sus inicios en la Selección Argentina

Paramos el partido en el minuto diez y aplaudimos. Aplaudimos para no llorar. Aplaudimos para retenerlo un minuto más. Aplaudimos porque no sabemos cómo decir gracias sin sentir que algo nuestro se muere con él, aunque él siga vivo, jugando, allá lejos en un país donde nadie entiende de futbol y menos de duelos sin muertos.

Orlando Di Pino