Agustín Canapino tuvo un debut soñado en IndyCar, en una carrera marcada por los múltiples accidentes.
El arrecifeño terminó duodécimo y cumplió el objetivo de redondear las 100 vueltas al intrincado circuito callejero de San Petersburgo, en Florida; Marcus Ericsson selló la victoria.
Agotado físicamente, pero con el orgullo de cumplir el objetivo. Agustín Canapino ratificó en la pista cada uno de los conceptos que lanzó sobre el estreno en IndyCar. Con el duodécimo puesto en el clasificador ejecutó la titánica tarea de sortear las dificultades que impusieron las 100 vueltas de la carrera en el circuito callejero de San Petersburgo, en Florida, donde la popular categoría del automovilismo estadounidense comenzó la temporada 2023.
Desandar el recorrido le demandó un desgaste extremo, un pronóstico que el arrecifeño no ocultó, porque las pruebas que realizó con el Juncos Hollinger Racing antes del debut marcaron que cada episodio de la aventura será un capítulo de aprendizaje. Una presentación que excedió las expectativas y que expuso el talento del multiplecampeón argentino, el hombre que aceptó el desafío de abandonar el confort que le brindaban las categorías nacionales para medirse con expilotos de la Fórmula 1 y ganadores de las 500 Millas de Indianápolis.
“Mi objetivo es dar las 100 vueltas en San Petersburgo. No importa la posición, el tiempo, nada. Terminar la carrera sería como ganar, y ya eso va a ser difícil”, anticipaba Canapino, sobre el debut. Y no falló en el pronóstico: antes de cumplirse el segundo giro, un múltiple accidente resultó el primer aviso de los varios escollos que deberían sortear para alcanzar la meta que se propuso con el equipo. El arrecifeño salió airoso del incidente del inicio que involucró a Santino Ferrucci, Helio Castroneves, Simon Pagenaud y Devlin DeFrancesco, que recibió un fortísimo impacto -el auto giró 180 grados en el aire- de parte del debutante Benjamin Pedersen. La bandera roja detuvo la carrera.
Girar dentro de la vuelta del líder, no quedar descolgado del pelotón y evitar maniobras de riesgo era la hoja de ruta para Canapino, que fue cumpliendo cada uno de los mandatos. Un dato resalta lo que fue el avance en la performance: su mejor vuelta la marcó en el giro 97, mejorando el tiempo que había impuesto tres vueltas antes. Una señal de cómo fue avanzando sobre la adaptación de un auto cuyo comportamiento resulta totalmente nuevo: el arrecifeño desanduvo toda su trayectoria en autos de turismo y ahora, a los 33 años, se vuelva a los de fórmula.
“La primera vez que transitaba curvones con alta carga aerodinámica: en mi vida había sentido tanta Fuerza G. Comprobé factores técnicos, que eso para entender el auto es muy importante. Me falta tener total confianza en el auto, al freno y en particular a la aerodinámica. El auto se pega al piso y tiene una velocidad de curva del que estoy muy lejos de conocer los límites. Los neumáticos son totalmente diferentes, porque hay que calentar las gomas: el auto es inmanejable si están frías. Todo es un aprendizaje, estoy lejos de sentirme cómodo, pero soy consciente que es un proceso que lleva meses aprender y años para ser un crack”, explicaba antes del estreno.
Fuente. La Nación.
