En la previa, todos le jugaban un pleno a ese empate que genere el menor daño posible para ambos. Pero River se vistió de ganador y le movió la estantería a Boca, que puede perder mucho más todavía.
En la previa, en las charlas de bar, las discusiones familiares y hasta en las siempre hostiles y poco objetivas redes sociales, el empate entre Boca y River en La Bombonera picaba en punta en boca de urna.
Un Boca con la cabeza absolutamente puesta en el duelo del próximo jueves ante Palmeiras por la CONMEBOL Libertadores y un River cuestionado, con dudas, con Demichelis en la mira y al que una derrota frente al Boca “muletto” le significaría un golpazo difícil de asimilar. El escenario para ese empate tan vaticinado era propicio. Un punto para cada lado, ninguno saldría demasiado herido y cada uno seguiría su camino casi sin rasguños.
Pero la tarde de La Boca tenía reservada otra historia. Ese remate de Enzo Pérez que se desvió un Rondón que literalmente intentó esquivar la pelota comenzó a escribir un triunfo de River que, a la larga, fue más que justificado.
Volviendo a la previa, ambos planteos sorprendieron. Almirón decidió tirar a la cancha un equipo íntegramente suplente (con la excepción de Chiquito Romero), mientras que Demichelis generó murmullos por algunas cuestiones de ese XI inicial. El Yacaré Herrera en el lateral (Simón lo venía haciendo ahí los últimos partidos) y el propio Rondón como única punta definido por sobre el colombiano Borja. Y los hinchas de River suspiraban no muy convencidos con la decisión del “Mister”.
Pero el tiempo (en este caso, apenas 90 minutos), le terminó dando la razón a Demichelis. Porque Rondón redondeó un buen partido, gol “involuntario” incluido, y porque Herrera, otra de las sorpresas, también se destacó cerrando su lateral y atacando en más de una ocasión.
Luego de una primera mitad con amplia superioridad millonaria, Almirón movió el timón y tiró todo lo que tiene a la cancha. Así fue como Equi Fernández, Cristian Medina, el Colo Barco y hasta Cavani ingresaron al encuentro para intentar torcer la historia. Pero todo parecía juzgado. Ni siquiera la pirueta del viejo lobo uruguayo que infló la red iba a torcer el rumbo, porque primero Merlos y luego el VAR corroboraron ese milimétrico offside que dejó todo como estaba.
Fue victoria para River, alegría para sus hinchas, aire para Demichelis. Fue derrota de Boca, incertidumbre para sus hinchas y un llamado de atención enorme para Almirón. En pocos días, en Brasil, tendrá la chance de confirmar qué tan duro terminó siendo este golpe.
